No hay una celulitis, hay varias. Y la razón por la que tantos tratamientos decepcionan es que se aplican sin saber cuál se tiene. La piel de naranja de una mujer joven y delgada no es la misma que la de una piel madura con retención de líquido, aunque las dos se llamen igual.

La celulitis blanda es la más común. Se nota al pellizcar la piel o al apretar, la zona es flácida y suele acompañar a la pérdida de tono muscular. La celulitis dura o compacta es la contraria: firme al tacto, con la piel tensa y los hoyuelos visibles sin necesidad de pellizcar, típica de mujeres jóvenes y deportistas. Y la celulitis edematosa, la menos frecuente, se asocia a la retención de líquido, con piernas pesadas, pesadez al final del día y una piel que a veces duele al presionarla.

Reconocer el tipo importa porque cada uno responde a un enfoque distinto. La blanda pide estímulo del colágeno y tonificación; la dura, técnicas que rompan los tabiques y mejoren la circulación; la edematosa, drenaje antes que cualquier otra cosa.

Para identificar el tuyo con criterio, esta guía sobre los tipos de celulitis describe cada uno con sus signos, sus causas y los tratamientos que tienen sentido en cada caso. Es el paso previo a cualquier decisión, y el que más se salta.

Una prueba sencilla en casa: de pie, con la pierna relajada, observa si los hoyuelos aparecen solos o solo al apretar. Luego repite tumbada. Si desaparecen al tumbarte, hay un componente de líquido importante. Si no cambian, el problema es estructural. Esa observación, llevada a la consulta, orienta mejor que cualquier foto de catálogo.